Parecida fluidez

Los premios Pritzker son los mal llamados “Nobel de la arquitectura”, entregados anualmente a arquitectos cuya carrera y obra es una destacada contribución a este noble arte. No me gusta que se les cambie el nombre designándolos como el Nobel, porque, como dijo alguien: “cuando alguien es el algo de algo, al final es el nada de nada”.

El origen de estos premios data de 1979; de hecho en el post anterior hablo del segundo galardonado de su historia. Hay que decir, que de haber comenzado quince años antes, los tres primeros premiados sin ninguna duda habrían sido Le Corbusier, Mies van der Rohe y Louis Kahn. Y lo sabes… Bueno venga, y Walter Gropius y Alvar Aalto.

No siempre estoy de acuerdo con los Pritzker, de la misma manera que también discrepo de otros tantos premios de dudosa valía o que no representan nada, entregados unos de manera inmerecida, otros demasiado tardía y otros, en ocasiones, ni siquiera entregados. ¿Sólo un Oscar a Ciudadano Kane? ¿Peter O’Toole sólo un Oscar honorífico? ¿Nobel de la Paz a Obama? ¿En serio?

El listado completo de los ganadores del Pritzker es apabullante: Sir James Stirling, I.M. Pei, Kenzo Tange, Oscar Niemeyer, Álvaro Siza, (mi adorado) Tadao Ando, Rafael Moneo… Piensa en cualquier arquitecto de fama mundial y seguramente tenga esta medalla en casa. Los dos arquitectos cuyas obras son las protagonistas de este artículo lo ganaron, casualmente, en años consecutivos, en 2014 y 2015. Un japonés y un alemán.

Japón es el segundo país con más laureados en estos premios, con seis galardonados. El último de ellos fue Shigeru Ban (1957), formado como arquitecto en Estados Unidos, trabajó en los estudios de John Hejduk y Arata Isozaki antes de abrir su propio despacio en Tokio. Su elección como ganador del Pritzker en 2014 respondió a la nueva preferencia del jurado de los aspectos sociales y humanitarios sobre los estéticos, además de por el innovador uso de materiales, especialmente el papel y el cartón.

Alemania, en cambio y aunque parezca mentira, sólo tiene dos premiados. El segundo y último fue el genial Frei Otto (1925-2015). Su condecoración llegó además de la manera más inaudita, ya que sí supo en privado de su elección como ganador pero no de forma pública, ya que falleció poco antes de la entrega del premio.

Y te preguntarás ¿qué tienen en común un arquitecto japonés que construye con materiales sencillos con un alemán que fue piloto de la Luftwaffe y cuyos edificios son el epítome de la arquitectura de estructuras tensadas? Tan sencillo como la sensual y fluida silueta de sus edificios.

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Pompidou-Metz, Shigeru Ban (Metz, 2010). Foto: Didier Boy de la Tour
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Pabellón alemán de la Exposición Universal de 1967, Frei Otto (Montreal, 1967). Foto: Atelier Frei Otto Warmbronn

El Pompidou-Metz fue construído entre 2005 y 2010 en esa norteña ciudad francesa, siendo la tercera sede del museo parisino tras el original, el magnífico edificio de Renzo Piano y Richard Rogers y la otra franquicia en la española ciudad de Málaga.

El pabellón alemán de la Exposición Universal de Montreal de 1967 fue, junto con Biosfera de Buckminster Fuller y el Hábitat 67 de Moshe Sadie, el mejor edificio del evento, que consiguió poner el nombre de Frei Otto en el panorama arquitectónico mundial.

Este pabellón fue la culminación de los experimentos de Otto con la arquitectura de estructuras tensadas que había comenzado (atención) en el campo de prisioneros francés donde terminó inevitablemente al final de la II Guerra Mundial. Allí se convirtió en el arquitecto del campamento, creando zonas habitables tipo carpa con los materiales de que disponía, es decir, tensando cuerdas y colocando lonas por encima. Lo que parece una chorrada fácil se convirtió en el inicio de unos intensos estudios que culminaron en este pabellón, donde Frei Otto dejó a las claras sus intenciones.

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Pompidou-Metz, Shigeru Ban (Metz, 2010). Foto: Didier Boy de la Tour
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Pabellón alemán de la Exposición Universal de 1967, Frei Otto (Montreal, 1967). Foto: Atelier Frei Otto Warmbronn

La cubierta de ambos edificios parece una tela suave, como una coraza blanda que se va a derretir por alguno de sus lados ¿verdad? Es indudable el parecido entre estas dos obras, siendo realizadas además en los dos materiales constructivos más antagónicos: madera y acero.

Según Shigeru Ban, para el diseño del Pompidou-Metz se inspiró en un sombrero chino que se encontró en el suelo de una calle de París. La verdad es que desconozco como era el sombrero en cuestión pero si ese fue el punto de partida, sin duda es un remate magnífico para los tres bloques longitudinales de hormigón colocados de manera no simétrica que alberga en su interior.

El pabellón de Frei Otto fue el cúlmen de los avances constructivos que se desarrollaron en los años 60, la representación de lo que se podía crear de manera barata y versátil. Fue el primer paso para su extraordinaria carrera, en la que creó obras icónicas como el Estadio olímpico de Munich, ubicado dentro del Olimpiapark, el complejo que fue la sede de las trágicas Olimpiadas de la ciudad bávara en 1970.

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Pompidou-Metz, Shigeru Ban (Metz, 2010). Foto: Didier Boy de la Tour
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Pabellón alemán de la Exposición Universal de 1967 (Montreal, 1967). Foto: Atelier Frei Otto Warmbronn

Incluso el efecto lumínico nocturno es delicioso, invirtiéndose los papeles de los tonos de las cubiertas, resaltando el interior y oscureciéndose el exterior.

Y para terminar os voy a dar una sorpresa…

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Frei Otto y Shigeru Ban en 1999. Foto: Atelier Frei Otto Warmbronn

Frei Otto y Shigeru Ban tuvieron contacto 15 años antes del fallecimiento del alemán. Ambos arquitectos colaboraron en el diseño del pabellón de Japón en la Exposición Universal de Hannover del año 2000. La cosa va de eventos universales. Una ocasión idónea y una mezcla de estilos perfecta ¿no crees?

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En este caso, además de una comparación obvia y un parecido más que evidente, lo que hay aquí es un claro homenaje de Shigeru Ban hacia Frei Otto, quien fue casi un maestro. quienes con unos conceptos parecidos pero desde estilos diferentes, han creado obras delicadas, fluidas y preciosas.

Abraham R.

 

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