La inspiración está en Roma

La inspiración… ¿qué es la inspiración? ¿Y cómo aseverar que se encuentra en un lugar concreto? No pretendo ser pretencioso, pero en el caso que me ocupa es cierto.

Dicho así, el título es, cuanto menos, obvio. La ciudad eterna precisamente es eterna por tener una vida milenaria, con todo lo que ello conlleva. Voy a intentar hacer un artículo lo más breve posible, porque escribir sobre Roma es hablar de la civilización occidental, de ingeniería, de leyes, de conquistas y, por supuesto, de arte y arquitectura. Y eso es mucha tela que cortar.

Con el plano de Roma en la cabeza (¿lo tenemos?) vayamos reduciendo el espectro geográfico dentro de la capital italiana. Centrémonos en el Campo de Marte, un terreno que se sitúa al norte de las Murallas Servianas, delimitado por el Capitolio al sur, el Monte Pincio al este y circundado por el río Tíber por el oeste gracias al gran meandro que forma en esta zona. El foro y el Coliseo quedan al sureste y la Ciudad del Vaticano y el Castel Sant’Angelo otrora Mausoleo de Adriano al noroeste una vez cruzado el río.

El Campo de Marte era un extenso trozo de tierra donde, desde el reinado de Numa, segundo rey de Roma, hubo un altar dedicado al dios Marte. Con el crecimiento demográfico de la ciudad que iba a la par del desarrollo exponencial de la República primero y del Imperio después, este terreno fue urbanizándose hasta quedar imbuido como un barrio del centro de Roma.

En esta zona están algunos de los edificios más importantes erigidos durante el Imperio Romano, de los que varios han llegado en relativo buen estado a nuestros días: El Mausoleo de Augusto, el teatro de Marcelo, las termas de Nerón o el magnífico Ara Pacis, por citar algunas. Pero de todas las construcciones que se levantaron en el Campo de Marte, hay una que es sin duda alguna la máxima obra erigida a la mayor gloria de Roma: el Panteón.

Quién más quien menos visualiza el Panteón de Roma. El Panteón señora, de Roma, no el Partenón de Atenas (equivocación habitual). Hablo de la gigantesca rotonda donde duermen los dioses romanos.

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El Panteón que hoy vemos fue construido entre los años 118 y 125 d.C. por el emperador hispano Adriano. Pero entonces… ¿por qué se llama Panteón de Agripa? El actual templo se erige sobre las ruinas del primer edificio del año 27 a.C. financiado por el general Marco Agripa, yerno del emperador Augusto, cuyo nombre aparece en el friso del pórtico de entrada al templo. De ahí el nombre y la creencia tradicional de que el general sea el promotor del actual edificio.

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Lo verdaderamente distintivo de este edificio es su enorme planta circular, a diferencia de los tradicionales templos perípteros de planta rectangular de herencia griega, como lo era el destruido panteón de Agripa (ese sí). La planta circular es una innovación romana, como tantas otras que desarrolló el ingenio imperial, y esta es la primera vez que se utilizó en un templo.

Para cubrir el espacio circular interior se precisó de una enorme cúpula de 43 metros de diámetro, que debido a las medidas de la planta, si la cúpula prolongara su curvatura, se conseguiría inscribir una esfera perfecta dentro del edificio. Ni siquiera la vecina cúpula de San Pedro del Vaticano diseñada por El Divino es tan grande.

Para conseguir que semejante cantidad de hormigón se mantuviera en pie sin necesidad de ningún apoyo central, el arquitecto (supuestamente Apolodoro de Damasco) redujo el peso total de la cúpula mediante cinco filas concéntricas de casetones, que además dan un maravilloso ritmo musical y visual al interior. Rematando el conjunto, el punto más sobresaliente del edificio: un óculo de nueve metros de diámetro que permanece eternamente abierto dirigiendo como un faro la luz natural por el interior.

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El buen estado en el que el Panteón está hoy en día se debe a su uso continuo a lo largo de su historia. Desde el año 608 y gracias al Papa Bonifacio IV ocupó función eclesiástica con el nombre de Santa María de la Rotonda.

Flavio Biondo (1392-1463), primer anticuario y arqueólogo de Roma, escribió en su obra póstuma Romae instauratae (1482) lo siguiente:

Gracias a la intervención de su Santidad Eugenio IV, y por su propia cuenta, la estupenda bóveda del Pantheon, desgarrada en la Antigüedad por lo terremotos y amenazada de ruina, fue restaurada. La curia se alegró de verlo cubierto con láminas de plomo donde antes faltaban. Esta iglesia espléndida, claramente superior a todas las demás, ha tenido que aguantar durante muchos siglos que las altas columnas que la soportan quedasen ocultas tras los pequeños y miserables puestos de mercado que la rodeaban. Estos han sido completamente erradicados, y las basas y capiteles de la iglesia puestos al descubierto, para revelar mejor la belleza de este maravilloso edificio.

A nadie le puede extrañar que una construcción tan sobresaliente, maravillosa, especial, única, milenaria…, inspire a cualquiera, sea arquitecto o no, porque algo así te transporta a otro mundo. No por nada Miguel Ángel (anteriormente llamado El Divino) dijo del Panteón que “tiene un diseño angelical y no humano”.

Personalmente veo inspiración en una obra en concreto de un arquitecto en particular, en una iglesia que se construyó de forma póstuma, inaugurándose más de cuarenta años después del fallecimiento del artífice y 1.900 años después de la construcción del Panteón. Hablo de la iglesia de Saint-Pierre de Firminy diseñada por Charles Edouard Jeanneret-Gris, Le Corbusier.

Esta iglesia no tiene un pórtico octástilo, no tiene una planta circular, tampoco tiene una perfecta cúpula ni un óculo simétricamente dispuesto en su techo. No tiene nada de eso y, sin embargo, lo tiene todo.

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Esta iglesia es la última obra construida de Le Corbusier, ya que fue finalizada en 2006, 42 años después de su fallecimiento. El inicio de la construcción comenzó de manera póstuma en 1971 (Le Corbusier murió en 1965). Los trabajos se interrumpieron por diversas causas (siendo las económicas las más obvias) entre 1978 y 2003, momento en el que se reanudaron hasta su finalización gracias al apoyo del ayuntamiento de la localidad y de diversas asociaciones.

Ideada en origen como iglesia, hoy es también un equipamiento cultural ya que Francia, al ser un estado laico, no fomenta la construcción de edificios religiosos. Formó parte del proyecto de regeneración urbana que Le Corbusier diseñó para esta localidad, llamado Firminy-Vert, para el que también diseñó la Casa de la Cultura, el estadio y la piscina.

Entrar en la iglesia de Saint-Pierre te hace sentir un ser ínfimo en comparación con el enorme espacio vacío que se levanta sobre ti. Máxime porque entrando desde las salas expositivas que se disponen en la planta baja, se accede a la iglesia propiamente dicha desde una escalera de tres tramos dispuesta en una esquina de la planta, donde el segundo te hace dar la espalda a la “cúpula” y es en el último cuando, y tras levantar la cabeza, te sientes golpeado por ese juego entre luz y espacio que se conjuga de una forma casi mágica.

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Todas las características de Saint-Pierre son claras reminiscencias de lo que Le Corbusier vio en el Panteón en uno de sus viajes de juventud, aprendiendo de las grandes construcciones del hombre.

La planta de Saint-Pierre no es circular, si no cuadrada. La cúpula no es acorde a la planta, si no que tiene forma de cono truncado en diagonal. El óculo en esta iglesia son tres aberturas dispuestas dos en el techo y una en la pared sur. Aquí no hay exedras ni nichos bordeando la planta como en Panteón, si no que hay hendiduras en el hormigón que dejan entrar la luz. Nada y todo, todo y nada. Y para más misticismo, en la pared este, donde tradicionalmente está la cabecera de un iglesia con planta de cruz griega o latina apuntando a Tierra Santa, Le Corbusier diseñó una serie de agujeros dispuestos de tal manera que, gracias a la luz que proyecta el sol de la mañana, crea la constelación de Orión. ¿Alguien da más?

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Mi adorado Tadao Ando (cuyo perro se llama Corbu, por cierto) decidió, bueno, mejor dicho, se dio cuenta de que quería ser arquitecto cuando visitó Roma y entró en el Panteón.

Es posiblemente la mejor edificación del mundo antiguo. Sin duda es la mejor conservada. Han pasado prácticamente 2.000 años desde su construcción y ese chorro de luz divina, esa luz que parece como si Marte estuviera apuntando hacia el suelo con una linterna, sigue sobrecogiendo a quien entra en esa enorme sala cupulada.

El Panteón de Roma, inspirando a arquitectos desde el siglo I.

Abraham R.

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One response to “La inspiración está en Roma

  1. una comparación que jamas se me hubiera ocurrido pero viéndolo con tanto detalle tienes toda la razón. Me encanta, y el juego de La Luz que utilizan los arquitectos es siempre lo mejor.

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