El espacio infinito

El cine y la arquitectura tienen como principio básico y evidente la delimitación de un espacio, bien sea para encajarlo en una pantalla o mediante un conjunto de muros y paredes. Son dos artes aparentemente distintas que se expresan utilizando medios diferentes pero que comparten más de lo que se imagina.

Para rodar una película, un cineasta necesita crear una serie de espacios donde discurre la acción de la trama, seleccionando para ello escenarios exteriores o levantando unos decorados en donde posteriormente interactúan los personajes.

Un arquitecto, en cambio, realiza esta operación pero en sentido opuesto, es decir, primero cuenta con los personajes (de la vida real) y después construye un espacio adaptado a sus necesidades. Hay que decir que en el mundo arquitectónico y constructivo esto no siempre fue así. En los albores de la Historia el hombre no era la medida de las cosas (de hecho no lo ha sido hasta hace cinco siglos), si no que las proporciones se regían en base a la grandeza de Dios. Pensemos, por tanto, en el tamaño de los templos griegos o las catedrales góticas para ver lo ínfimo que era la concepción del hombre por aquel entonces.

El diseño y el tratamiento del espacio y su definición une estilísticamente (al menos a mi modo de ver) a dos referentes del cine y la arquitectura, dos genios, uno americano y otro alemán que, basándose en plausibles principios clasicistas, establecieron un nuevo y rompedor discurso. Estoy hablando de Stanley Kubrick y Ludwig Mies van der Rohe, dos de las figuras más influyentes de la Historia en sus respectivos campos.

Stanley Kubrick (Bronx, Nueva York, 1928-1999) fue uno de los directores de cine más perfeccionistas que ha dado la segunda mitad del siglo XX. Su control casi obsesivo sobre todos los aspectos de sus películas (desde la producción, el montaje, la distribución hasta el doblaje en otros idiomas) le permitió crear algunas de las obras maestras del Séptimo Arte.

Fue su amor juvenil por la fotografía y el ajedrez lo que le procuró una especial sensibilidad espacial que se ve reflejado en sus películas, sobre todo en las de su etapa de madurez, donde muestra un conocimiento sobre el tratamiento del espacio espectacular.

La firma más evidente de Kubrick en sus películas posiblemente sea el sello más característico de cualquier director de cine. Cuando uno está viendo una de sus películas ve unos espacios perfectamente simétricos creados con una grandiosa profundidad gracias a un milimétrico punto de fuga centrado en la pantalla. La elección del encuadre según el contenido dramático de cada escena provoca así una relación de tensión entre los personajes y su entorno.

La utilización de la cámara fluida (movimiento de la cámara para crear travellings continuos evitando cortes y el posterior montaje) le permitía enfatizar la amplitud del espacio, haciendo que sea continuo gracias al seguimiento de los personajes dentro de la escena.

Los espacios filmados de Stanley Kubrick son auténticas obras de arte, como pinturas del primer Renacimiento, cuando autores como Giotto, Fra Angelico, Masaccio o Piero della Francesca hicieron los primeros estudios sobre la perspectiva.

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The shining (El resplandor), 1980
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Full metal jacket (La chaqueta metálica), 1987

Ludwig Mies van der Rohe (Aquisgrán, Alemania, 1886-1969) es, por si hace falta decirlo, uno de los arquitectos más sobresalientes del Movimiento Moderno y, por tanto, del siglo XX (y sí, uno de mis favoritos). Los edificios que construyó en sus inicios estaban anclados en el neoclasicismo prusiano de su adorado Schinkel pero a raíz de su contacto con el neoplasticismo holandés desarrolló el estilo que fraguaría durante toda su carrera y le encumbraría al Olimpo de la arquitectura contemporánea.

Mies siempre tuvo claro que “la labor de la arquitectura no era inventar formas”. Sus edificios nacen con una planta libre en la cual los muros (si es que lo hubiera) no tienen función sustentante por lo que pueden disponerse en cualquier zona de la edificación. Esta planta libre es la materialización del Neoplasticismo de De Stijl y del planteamiento suprematista de Kazimir Malevich y El Lissizly: espacios libres y diáfanos, sin obstáculos visuales ni compartimentaciones.

La libertad en la distribución interior de los edificios de Mies es posible gracias al uno de una estructura de mínimos levantada con hormigón, acero y vidrio. Nada más. Así, con un menos uso de piezas consigue una mayor autonomía espacial. ¿Sabes cual era el lema de Mies no? Less is more, menos es más.

Gracias a la particular disposición de los elementos sustentantes, Mies consigue unos espacios continuos y abiertos proyectados de fuera a adentro y viceversa, donde la profundidad y la especialidad son su punto fuerte. Por algo él mismo decía que “la arquitectura es la voluntad de la época expresada espacialmente […]”.

Pabellón de Barcelona
Pabellón alemán (Barcelona, 1929)
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Federal Center (Chicago, 1974)

Stanley Kubrick y Mies van der Rohe, dos genios y referentes para los amantes del cine y la arquitectura, unidos por el sentido espacial de sus obras, magníficos escenarios donde dejar fluir nuestra imaginación.

Abraham R.

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3 respuestas a “El espacio infinito

  1. Quizás lo más reseñarle y común a estos dos artistas es la maestría del uso de la composición arquitectónica para generar emociones más allá del espacio…

    Buena temática, enhorabuena por el blog!

    Me gusta

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